El picor, también llamado prurito, es la necesidad de rascarse que surge cuando la piel se irrita.
En este proceso, parece ser que se liberan unas sustancias (como la histamina), que dan lugar a que los vasos sanguíneos se dilaten, y se acumulen líquidos bajo la piel. Las terminaciones nerviosas de la zona envían un mensaje al cerebro, dando lugar a la sensación de picor. Esto es, a grandes rasgos, el mecanismo de picor y de la inflamación.
En realidad, únicamente se trata de un síntoma externo de que algo no va bien, de forma que lo que hay que hacer es detectar la causa que lo origina, y ponerle remedio.
Producen picor muchas alteraciones de la piel, como urticaria, eczemas, soriasis o alergias, que normalmente se manifiestan con una lesión cutánea visible, con enrojecimiento, sarpullido etc.
Hay otro tipo de enfermedades como la Diabetes, problemas hepáticos e incluso alteraciones nerviosas, que pueden dar lugar a picor, pero no se ve ninguna lesión externa.
También a nivel anal y de órganos genitales pueden aparecer alteraciones que se manifiestan con picor, como es el caso de las hemorroides o de las infecciones, que requieren un tratamiento especifico.
Sobre los medicamentos
Los medicamentos que se utilizan para aliviar el picor se llaman antipruriginosos.
Son un grupo de medicamentos de aplicación tópica, esto es, que se aplican externamente, directamente sobre la zona afectada con el fin de aliviar el picor de la piel.
Los medicamentos antipruriginosos actúan, bien reduciendo la inflamación y por tanto la irritación, o bien disminuyendo los impulsos nerviosos que transmiten la sensación de picor al cerebro.
Suelen incluir en sus composiciones corticoides, antihistamínicos, anestésicos locales y suavizantes o emolientes.
Los Antihistamínicos reducen la inflamación de la piel originada por problemas alérgicos. Actúan bloqueando los efectos de la histamina sobre los vasos sanguíneos.
Los Corticoides aplicados a la superficie de la piel reducen el picor y la inflamación; también actúan de forma similar a los antihistamínicos.
Los Anestésicos locales al absorberse a través de la piel impiden que se transmita la señal desde los nervios de la piel al cerebro.
Los Suavizantes y emolientes suavizan la piel, evitando la irritación.
Sobre las precauciones
Es importante insistir en que el picor es sólo una manifestación externa de otra alteración que lo origina.
Si tras unos días de tratamiento la condición no mejora o incluso empeora, es conveniente visitar al dermatólogo para que diagnostique el origen del problema.
Si se utilizan corticoides tópicos, conviene tener presente:
No utilizar vendajes en la zona tratada, ya que favorecen el paso del medicamento al torrente sanguíneo, y consiguientemente aumenta el riesgo de aparición de efectos secundarios indeseables.
No utilizar más de la dosis prescrita: si se emplean correctamente y en tratamientos de corta duración, es muy raro que los corticoides de aplicación tópica originen problemas.
No utilizar en niños pequeños sin el conocimiento del pediatra: si se aplican sobre zonas extensas de la piel o por periodos de tiempo prolongados, pueden afectar al crecimiento del niño.
Si se utilizan antihistamínicos tópicos:
Los antihistamínicos pueden aumentar la sensibilidad de la piel al sol, produciendo reacciones cutáneas, por lo que se aconseja que se evite tomar el sol mientras se está siguiendo el tratamiento.
Atenerse siempre a la dosis aconsejada.
Sobre hábitos higiénicos y medidas preventivas:
Es importante tratar de detectar el agente responsable o causa del problema y eliminarlos si es posible.