Uno de los acontecimientos más esperados que acompaña a una boda son las despedidas de soltero/a. En ellas las amistades más allegadas preparan multitud de sorpresas a los protagonistas, para que no lo olviden nunca.
Se trata de una celebración que ha evolucionado mucho con el tiempo, pero que no ha perdido ni una gota de la esencia con la que se creó. Su alta carga festiva lo convierte en una juerga para disfrutar con los amigos/as, premiando el desenfreno y el cachondeo que supuestamente se le supone a una persona sortera que va a perder su condición en un breve periodo de tiempo. En este sentido, la distancia de tiempo que separa la despedida de soltero de la boda depende del país al que nos refiramos.
En España, sin embargo, a pesar de la fama de la que hacemos gala, somos cautos y reservamos un fin de semana que esté lo suficientemente alejado del día de la boda, para que de tiempo para recuperarse plenamente...
En un tono de broma, los amigos hacen un último intento para convencer a los contrayentes de que se están equivocando y de que deberían mantener su libertad y no atarse a nada. Por fortuna, casi nunca tienen éxito.
En el fondo estamos haciendo referencia a un festejo cuyo verdadero trasfondo es servir de oportunidad para que se celebre una reunión de amigos, divertirse juntos y demostrar al novio/a el aprecio que sienten hacia él.